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¿PARA QUÉ SIRVE EL ARTE?

     
A veces es necesario darse respuesta a cosas o hechos que existen a diario en relación a nosotros, que por tan cotidianos y tan comunes no necesitamos despertar o no tenemos la curiosidad de preguntarnos para qué sirven. Esto, por lo general, nos sucede en relación con elementos de uso práctico, materiales que, fácilmente, podríamos contestarnos el porqué; pero cuando se trata de situaciones espirituales, trascendentes, pareciera que es más difícil poder explicarnos para qué sirven.

Esto es lo que sucede con el arte... el Arte en general. Ya sea una pintura, una película, una sinfonía o todo aquello que pertenezca a la sensibilidad del hombre, tanto para sentir como para poder realizar o expresarse. Y es posible que suceda simplemente porque la escala de valores que nuestra sociedad actual tiene o viene practicando día a día, se aleja más y más justamente de la sensibilidad y de las necesidades naturales que esa sensibilidad crea en el hombre.

En realidad, si pensamos, estamos preocupados artificialmente por nuestra existencia, copiamos y tratamos de resolver metas que no sabemos en el fondo para qué nos van a servir; y nuestros tiempos se consumen competitivamente, ansiosamente, fuera de nosotros, sin poder siquiera preguntamos, y por lo tanto tampoco contestamos, sobre el profundo valor y placer que es vivir, que en realidad es tener la capacidad de asombrarse y a la vez la humildad de reconocer lo que es bello entre nosotros, que es lo que nos permite a diario perfeccionar los pequeños y grandes momentos conociendo lo mejor que tenemos de nosotros y es ahí cuando un hombre comienza a comunicarse y a contestarse, ya sea a través de una pintura, una obra sinfónica o una buena silla.

Pero... claro está, si se usa ese concepto anterior de perfeccionamiento, lo que se está expresando o haciendo se convierte en arte... y tal vez a partir de ahora podamos contestarnos... el interrogante de para qué sirve ese arte.

Desde ya para respirar en este agotamiento que sufre una sociedad que se ha esquematizado, automatizándose ansiosamente, pero en forma fundamental porque el hombre que integra a su vida su sensibilidad se humaniza, y siente la necesidad de expresarlo a sus semejantes, pues, en definitiva, el hombre-artista nos convoca a una mejor escala de valores en nuestras vidas, justamente mostrándonos lo que descubrió con su sensibilidad, preguntándose y contestándonos a través de un objeto de arte que ha realizado de buena fe. Este objeto de arte puede ser una pintura, una sinfonía de Mozart o la hermosa silla que realizó don Enrique Rosella, un carpintero vecino de mi infancia aquí, en Santos Lugares; esa silla que yo sigo guardando y cuidando, ya que es como su obra perfeccionada año tras año a partir del amor por su trabajo, y que no solamente ha prestado la utilidad de su funcionalidad, sino que en ella está presente la necesidad de hacerla lo mejor posible. Por eso don Enrique era un artista, y su arte sirve porque las manos del hombre dejan huellas en la materia, huellas de su pensamiento y de su sensibilidad, para que otros hombres, también sensibles, puedan leer y regocijarse con el sentimiento de lo bello (aunque no ' siempre sea lo lindo), con el sentimiento de lo mejor que tenemos. Es que. seguramente por no preguntarnos, vivimos extraños a escalas de valores tan superiores que por convivir con nosotros parecen tan simples y naturales, aun cuando por lo mismo, son escalas de vida repletas de profundas verdades, son la otra realidad, que es) para lo que justamente sirve el arte... o sea para sentir y dar lo mejor que tenemos de nosotros en una sociedad en la que se nos muestra como meta la mediocridad, sin sospechas ni preguntas.

   
 
 
 
 
Serie La Platea Progre
LA FRATERNIDAD

2008
mixta/collage
1,40 x 1.80mts
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
           
Edmund Valladares
 
             
     
TRAS UN LENGUAJE ORGÁNICO PROPIO
 
     
Una sociedad que tiene una carga de problemas y ansiedades tan exacerbada como la nuestra, urgida a su vez por resolverlas son el ahora y que espera que esas soluciones las provean otras sociedades, obviamente ha quedado dependiente y a la espera de salvaciones mágicas. El arte, como brazo expresivo de la sociedad, transparenta claramente esta realidad; asomándonos al ahora de nuestras producciones en las distintas disciplinas, encontramos esta urgencia en la improvisación y en los cambios sin historia, o sea en los cortes que aparecen en nuestras obras en la búsqueda de ser reconocidos en otros mercados a través del parecido con otras culturas, esperando que esta personalidad pueda ser revelada o descubierta por alguien mágicamente.

Lo contrario, sin embargo, es ocuparnos en realizar un Tras un lenguaje orgánico propio, para dialogar de igual a igual con otras culturas en forma auténtica, y por el cual seríamos reconocidos sin tener que subrayar experiencias de otras realidades, trabajando en la búsqueda de nuestras propias soluciones expresivas.

De hecho, pertenecemos a una especie que arrastra memorias ontológicas, que vamos precisando a medida que somos capaces de reconocer y evaluar esas experiencias que nos anteceden universalmente, o sea un verdadero cauce donde podemos insertar y trasladar nuestros propios descubrimientos para sumarnos a ese pensamiento universal. Pero también es cierto, que el lenguaje individual de un creador nace de la relación profunda con su medio, y que, gracias a estas vivencias, resulta la creación genuina que sustancia el contenido de nuestra tradición. Y es por fin, esta tradición, la síntesis que pueblo y artista usan para expresarse, o sea, ese lenguaje orgánico propio, que tanto necesitarnos para dialogar o ser reconocidos por otras culturas. Estas ideas nos obligan tal vez a preguntarnos si esta tradición es reconocida por nosotros y de ser así, en qué medida nos representa, para descubrir cuáles son los puntos que debemos rescatar frente a nuestras necesidades actuales.

Algunas veces confundimos esta tradición al servicio de ideales regresivos o mezclada de los sueños de algún poder; sin embargo, el parámetro de su salud está ¿n su funcionalidad, que es parte de su propia naturaleza viva. Rescatemos su sustancial sabiduría que ha sido su fertilidad abierta a los aportes y al espíritu de los hombres que fueron llegando, y fortalezcamos objetivamente su filosofía frente a los cambios de los nuevos tiempos. Esta filosofía es la que nos hace distintos hoy, y nos obliga a reelaborar un lenguaje nuevo e integral ya que hemos recibido esa riqueza de los hombres que sumaron a nuestras tradiciones las suyas; y éste es el momento de sincerarnos reconociéndonos como una cultura del mixtourage, más cercana al pensamiento universal de lo que nosotros mismos deseamos, sin necesidad de parecernos y aún siendo diferentes. Es necesario, entonces, ensanchar esta identidad a conciencia y en libertad para que nuestra creatividad pueda ser recibida con sus rituales y leyes propias, que sirva para ser leída sin cortes y señalando lo que nuestras maestros fueron logrando para nuestra identidad, y que en este ahora, nosotros, superando los individualismos, nos integremos a la misma en un rol de transición, reelaborando, rescatando y sintetizando nuestro tradicionalismo. Estas elaboraciones, al igual que las señales de nuestros maestros, son aportes que podrán ser usados por las nuevas generaciones de creadores y por lo mismo es necesario que nos desmitifiquemos, siendo esta actitud la base confiable para el desarrollo de las nuevas ideas. Podemos y debemos recatar y reelaborar nuestra tradición, de lo contrario seguiremos a la espera de una transvanguardia que nos represente ante el mundo mágicamente.
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
Serie La Platea Progre
LA MUÑECA DE GOMA

2008
mixta/collage
1,40 x 1.80mts
 
 
         
Edmund Valladares
 
             
      "Esto Flavio, ¡ay dolor! Que veis ahora, Campos de soledad, mustio collado Fue la Itálica famosa…”  
     
Como Valladares es un expresionista desde sus tuétanos hasta sus gestos, recoge del lugar cuanta cosa encuentre y puede, y en estos collages nos la ofrece con la grandilocuencia y la sensibilidad que lo caracterizan y lo definen.
Estas osamentas de un pueblo son el paisaje poético de la necrópolis en que ahora se ha convertido. La ausencia del ferrocarril, la incomunicación del telégrafo por ignoradas “evoluciones” que nadie logra entender, son algunas consecuencias de esto.
Los collages son hechos con materiales del lugar, y el clima y la luz son los de entonces, aquella luz cordobesa que le daba pureza del aire, y color a los matices más sutiles. Con las cosas traídas desde allí, cartones corrugados que envolvieron algo que una vez llegó al pueblo, con una máquina oxidada, flora disecada, un pedazo de adobe, unos alambres, un pedazo de hierro herrumbrado, elementos yermos, secos, Valladares crea un lenguaje expresivo con el cual sustituye al óleo, porque éste daría a la obra cierta sensualidad que desvirtuaría el sonido que tienen estos cuadros.
Se diría que esos materiales son el último recurso a que el pintor acude para expresarnos sus sentimientos de vacío. Quizá, también, el recuerdo del viento Pampa el que motiva esos huecos que aparecen en sus cuadros, o que pegan en una y otra pared de las esquinas o en los frentes de las casas, y los cielos, trágicos, recuerdan el patetismo de Vlaminck.
En la pintura planimétrica, resuelta con verdadero genio, el artista definió los hechos para dar testimonio de su auténtico dolor.
Valladares es un expresionista testimonial, a quien la injusticia y el dolor le traspasan el alma y, con su oficio de gran artista, enjuga con su llanto, su ahogo, su asfixia, en su obra.
DETALLE 1 AUTORETRATO
1947
óleo sobre tela
 
         
Dr. Mauricio Isaac Neuman